EL AMOR DECEPCIONADO... O EL "DESENGAÑO" AMOROSO
En opinión de muchos, esta atractiva etapa o condición en la vida es —anímicamente hablando—, una de las más felices y, a veces también, puede ser la más dolorosa. Antes que nada, y para un mayor y mejor entendimiento de esta condición tan universal, debemos primero aclarar conceptos.
Por lo tanto, en términos generales, ¿Qué significa básicamente estar enamorado? La experiencia práctica nos enseña que este verbo transitivo no sólo aplica a la relación afectiva entre personas, ya que su significado fundamental cubre otras áreas aparte de la sexual-humana; en términos generales se puede definir, como lo hace de forma bastante sencilla el Dr. S. Rado, de la siguiente manera: “estar enamorado es experimentar el deseo o la necesidad de estar cerca o al lado del objeto o ser amado.” Esencialmente, y en pocas palabras, eso es lo que significa estar enamorado.
A partir de este entendimiento, podemos entonces decir con toda propiedad que uno puede estar enamorado no sólo de una persona, sino también de ‘cualquier’ cosa o actividad, como bien pudiera ser por ejemplo la jardinería, es decir, experimentar el deseo o la necesidad de estar cerca o en contacto con las flores y las plantas, al sembrarlas, regarlas, cuidarlas, abonarlas, protegiendo algunas de ellas del sol, la lluvia y demás inclemencias del tiempo...
Uno también puede estar enamorado de algo más rudo e ingenioso como lo es la mecánica, al experimentar el mismo deseo o necesidad de estar cerca o al lado de los motores, las tuercas, herramientas del taller, la grasa, oliendo vapores, aceites, gasolina, etc. Uno pudiera estar enamorado de los libros, la música, de algún deporte en particular, o de cualquier otra cosa por la cual experimente el deseo o necesidad de disfrutarla. Como ya te puedes imaginar, pudiéramos usar otros muchos ejemplos más de los diferentes campos —a parte de la relación humana—, donde el verbo transitivo enamorar y el participio pasivo enamorado aplica.
Entonces, específicamente y dentro de la relación con una persona que nos atraiga y deseemos su compañía cabrá esperar razonablemente la posibilidad de que en su momento apropiado este enamoramiento inicial o simple atracción, pueda también dar cabida probable a la gestación de un sentimiento más sólido y comprometido, como lo es ya el amor, y su lógica consecuencia: el amar. Este proceso como fenómeno es para la mayoría hermoso y transformador; una experiencia muchas veces indescriptible.
Como muchos de nosotros ya lo hemos experimentado en algún momento de nuestra vida. El amor verdaderamente nos transforma, o ¿acaso no es verdad que al amar vemos el mundo con una luz nueva, más radiante, más positiva; nos sentimos más libres, más abiertos y agradecemos esta experiencia de sentir como un éxtasis, y nos decimos: “Estoy tan contento y soy tan feliz, que abrazaría a todo el mundo”?
Ahora, detengámonos por un instante, pues me gustaría preguntarte algo: en estos momentos, con franqueza, ¿sientes que estás enamorado de alguien, que te sientes de alguna manera identificado con la descripción anterior? Si tu respuesta es afirmativa, ¡qué bueno que experimentes esta agradable sensación acompañada de nuevas emociones, ilusiones, planes, expectativas, y un justo sentimiento interno de felicidad! Si es así, ¡excelente! En verdad te felicito por esta sensación de bienestar adquirida. Pero a la vez te digo: ¡cuidado! ¿Por qué? Para que seas perspicaz...
Escucha ahora con atención la siguiente advertencia: la mayoría de las veces el amor es fugaz, no es una constante matemática de que una vez “alcanzado”, sólo hay que “mantenerlo”, y se conserva a nuestro lado (a ser posible para siempre). Eso no es así de fácil. Medita en la siguiente verdad que, justamente, por ignorarla o desestimarla muchas personas innecesariamente se acarrean dolor y sufrimiento por la decepción consiguiente que experimentan debido a un amor no correspondido: el amor no es una “cosa”, es una experiencia sublime y sentida.
Y añado: el amor no es un sentimiento que pueda conquistarse una vez y permanecer bajo nuestro dominio, como un objeto material. No podemos poseerlo, como tampoco podemos poseer a una persona adulta.
¿Qué significa la anterior afirmación embadurnada de aparente pesimismo? Sencillamente, que el entendimiento que hay en nuestra mente puede engañarnos al hacernos creer que sí puede “fomentar” y “conservar” el amor que sentimos, haciendo sus correspondientes planes con su “manera lógica de pensar”, pero la verdad es que la mente y sus pensamientos no tienen ningún poder sobre este fenómeno del amor.
Entiende algo importante: que el amor no se rige por los deseos y reflexiones de la razón; va y viene según sus propias leyes, y por más que nos lo propongamos, tampoco podemos medirlo con el entendimiento. Dicho en otras palabras, no podemos manipular nuestros sentimientos a través de nuestra razón, y mucho menos los sentimientos de otra persona, ¡definitivamente no tenemos ningún derecho o control absoluto sobre la esfera emocional de nadie!
Esta realidad no la puede cambiar ninguna filosofía, ninguna ideología, ninguna moral, ni tampoco ningún acto voluntario. Pues recuerda una vez más que, el amor, ante todo, no es una cuestión de entendimiento, sino un asunto de sentimiento.
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