YO “NO QUIERO” CAMBIAR
Si tú eres de los que dice “Yo no puedo cambiar”, siento mucho tener que decirte que estás equivocado. Y no te predispongas. Honestamente, la afirmación en tu caso al igual que tantas otras personas sencilla y llanamente suele ser: “Yo no quiero cambiar”. En el fondo, por razones que quizás en ese momento no conozcas o entiendas, tú no quieres cambiar. Está demás ahora recordarte el popular axioma de “Querer es poder”; pero cuando la persona dice “Yo no puedo cambiar”, aunque te parezca paradójica la contradicción, realmente, lo que de plano estás comunicando es: “YO NO QUIERO”... ¿sorprendido? Quizás. Pero francamente no deberías estarlo. Analizaremos a continuación este asunto a fin de entenderlo mejor.
Básicamente, para empezar, este tipo de afirmación negativa es una autoetiqueta o autodefinición inadecuada por cuanto es un impedimento para el desarrollo de tu personalidad, lo cual a la vez, perjudica tus posibilidades de ser feliz. ¿No te parece que es un medio fácil y pobre usar esta etiqueta de “Yo no puedo” como rápida excusa para seguir igual?
Nota la aguda observación al particular de Sören Kirkegaard cuando escribió: “Si me clasificas (o me etiquetas), me niegas”. En otras palabras, cuando el individuo tiene que estar a la altura de la etiqueta que lo clasifica, o sea, vivir de “acuerdo” a la imagen o expectativa de dicho calificativo, el ser, como persona, deja de existir.
Te preguntas, ¿qué significa esto? Pues que es muy probable que al identificarte con tus rótulos clasificadores te estés negando a ti mismo, en vez de aprovechar tu propio potencial de crecimiento, o sea, tratas o te esfuerzas por darle vida a la afirmación que haces acerca de ti mismo.
Un ejemplo sencillo: El paciente que entrando por la puerta de la consulta médica con voz firme y autoritaria dice “Yo soy diabético”, cuando la verdad es que él primero es Fulano de Tal que sufre de una enfermedad conocida como diabetes. Expresarse como este señor lo hace es darle poder a la enfermedad como cuestión prioritaria, lo que lo sugestionará al tratar él de vivir de tal manera que “encaje” su vida a la etiqueta que usa para autodefinirse..., cuando lo primero en importancia es él como persona, como individuo o ser humano. Sólo que cuando uno se auto etiqueta, entonces, trata de vivir en conformidad a la altura de este “distintivo” irreal y espera de los demás igual trato hacia él como diabético.
Además, aunque te sorprenda, la persona que hace la afirmación etiquetada de “Yo no puedo”, a semejanza de otras autodefiniciones, procede de su pasado. Pero recuerda que el pasado, como dijo Carl Sandburg en Prairie, “es un cubo lleno de cenizas” muerto, sin vida, o lo que es lo mismo: ya no te afecta a menos que tu lo permitas. Desafortunadamente, algunas personas sí reviven o mantienen presente su pasado infeliz, permitiendo de este modo que el pasado controle sus emociones y limite y coarte sus oportunidades actuales de ser feliz.
La expresión tan común de “Yo no puedo cambiar”, también es neurótica. Y no te asustes. Si tú te dices que no puedes cambiar, averigua hasta qué punto estás encadenado a tu pasado, porque dicha expresión tiene sus raíces en algo que aprendiste en tu infancia o en años atrás. Más aún. Por si no estabas al tanto, todos los “Yo soy” autodestructivos provienen de estas cuatro frases neuróticas:
l “Así soy yo.”
l “Yo siempre he sido así.”
l “No puedo evitarlo.”
l “Es mi carácter.”
Estas son las trabas más comunes que te impiden crecer, cambiar y ser feliz. No tienen base o fundamento sólido. Suelen ser pobres excusas que usan las personas para ni tan siquiera intentar el esfuerzo por cambiar.
¿Comodidad, interés, temor, acondicionamiento? Sea lo que fuere, hay personas que usan las cuatro frases a la vez cuando se cuestionan comportamientos.
Por ejemplo: Si le preguntas a alguien por qué se perturba tanto al oír hablar de accidentes, puede que te responda: “Oh, así soy yo, siempre he sido así, realmente no puedo evitarlo, es mi carácter”. ¿Notaste que usó las cuatro frases negativas a la vez? Todas y cada una le sirven para explicar por qué nunca será diferente ni considerará la posibilidad de cambiar. Lo que realmente está diciendo esta persona es: “Pienso seguir siendo lo que he sido siempre”.
Francamente, esa postura no es nada halagüeña. No obstante, te alentamos, si este es tu caso, a que empieces a deshacerte de los nudos que te atan al pasado y elimina las inútiles frases que te dices para seguir siendo lo que siempre has sido. Aunque quizás te resistas a creerlo o aceptarlo, nuevamente te aseguramos que la persona sí puede cambiar sólo si se lo propone y tiene el interés y la voluntad suficiente para lograrlo. Ten en cuenta que eso en buen grado dependerá de leyes psicológicas claramente establecidas, y que son tan universales como la ley de la gravedad (estas “leyes” son las normas básicas de conducta que hemos considerado en este ensayo sobre la felicidad).
Como todos sabemos, la ley de la gravedad se pone en evidencia cuando dejas caer algo al suelo, determinando que caiga en línea recta hacia el centro de la tierra. Lo mismo ocurre con las ‘leyes’ que gobiernan la relación entre la mente junto a sus creencias y la conducta. Como varias veces ya hemos repetido a lo largo de esta lectura, de nuevo lo repetimos: lo que tú creas determinará cómo actúas.
Medita ahora en lo siguiente: Por muy negativo que haya sido un acontecimiento en tu vida, ello en ningún momento deberá destruir definitivamente tu personalidad. Por más traumatizada que haya sido tu vida, por más pobre e inmadura que sea desde el punto de vista psicológico, no tiene por qué cundir el desaliento. Ten presente que la recuperación es siempre posible cuando existe realmente una sincera disposición para el cambio necesario. Es absolutamente cierto que el pasado no debe tomarse en cuenta para una justa apreciación de tu persona.
Alguien dijo: “No se evalúa una persona por lo que fue, sino por lo que es”...
A pesar de que ésta es una afirmación consoladora, y tiene su propio mérito, nosotros, más bien decimos: “No se aprecia a una persona por lo que fué o es, sino por quien es”. Esto último tiene mucho más sentido. ¿No te parece que el aquí y ahora de una persona puede ser maravilloso a pesar de su pasado menos bueno?
Razonemos e ilustremos lo dicho a través de varios ejemplos: ¿No es cierto que una cicatriz puede ser gloriosa en la frente de un héroe superviviente de un accidente, guerra o tragedia? ¿Acaso no se construyen hermosas residencias sobre montones de ruinas? Un terreno pantanoso, ¿no puede también transformarse en un romántico lago de aguas cristalinas pobladas de cisnes? O, un estercolero, ¿no puede dar lugar a un hermoso jardín florido? Pues con cuánta más razón una persona —con un pasado triste o ignominioso—, puede cambiar o mejorar su vida en el presente, si así lo ha decidido, y lucha arduamente para lograrlo.
Si eres cristiano, déjanos decirte que el Dios de la Biblia nos enseña que Él es un Dios progresivo, que apoya el "cambio", y está a favor de lo "nuevo" dentro de los marcos de Su propósito divino. De ahí que, apropiadamente, él espere de nosotros 'cambios' en nuestra vida y personalidad.
La idea del "cambio" está entretejida a través de toda la Biblia. Por ejemplo, nota lo siguiente, las Escrituras Hebreas o Antiguo Testamento hablan de un cántico nuevo, un corazón nuevo, un espíritu nuevo, un pacto nuevo, y de cosas nuevas que Dios hace. Las Escrituras Griegas Cristianas o Nuevo Testamento no se quedan atrás y abordan a menudo el tema de "nuevo", pues hablan de las "nuevas criaturas" y la importancia de adquirir una "nueva personalidad" porque tenemos que hacernos "nuevos en la fuerza que impulsa" nuestra mente. Algunos tienen un "nuevo nacimiento" y un "nuevo mandamiento". Hay un hombre "nuevo" que espera un "cielo nuevo y una nueva tierra".
La última referencia a "nuevo" está al final, en Apocalipsis 21:5, donde el Creador dice que Él está haciendo "nuevas todas las cosas". Por lo tanto, no sólo Dios asegura la posibilidad y realidad del cambio, sino que también el sentido común y la experiencia lo atestiguan en muchos casos. No es sabio aferrarse a la idea de que no es posible "cambiar", porque en verdad, sí lo es. SI TE LO PROPONES PUEDES CAMBIAR. Está bien demostrado, fuera de toda duda, que el ingrediente que cambia la vida de una persona es la voluntad y el interés que uno ponga en conseguirlo. Eso es todo.
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